Éste pasaje en la historia de Alejandro Magno es un claro ejemplo de cómo los grandes personajes que la historia se ha encargado de preservar se han preocupado más en el ser que en el tener. Casos como éste lo encontramos en Nikola Tesla, Einstein, Hitler, Julio César o Leónidas entre una infinidad más. ¡Cuán menos glorioso pudo haber sido su paso por la historia si estas personas sólo se hubieran dedicado a acumular riquezas en vez de tratar de cambiar el mundo!
En la época en que Alejandro Magno había iniciado su gran hazaña, al unificar Grecia a través de grandes proezas militares con el potente ejército pasado por su difunto padre Filipo II, se hablaba de un filósofo radical en su forma de vivir. Despreciaba y criticaba a sus contemporáneos por vivir sólo para conseguir lo que no tenían, en el mayor de los casos riquezas. Su nombre: Diógenes. La mayoría de los habitantes de Atenas creían que Diógenes no era más que un pordiosero venido a menos que había perdido la cordura, aunque algunas personas sentían una profunda aspiración y respeto por Diógenes, quien se atrevía a vivir de acuerdo a sus ideales. Se cuenta que en una ocasión, con un pequeño plato para tomar agua vio a un niño tomar agua con sus manos de una fuente y gritó: ¡Aquí está una cosa más que no necesito! y acto seguido rompió el traste que le servía para tomar agua.
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| Representación del famoso encuentro entre Diógenes y Alejandro Magno. |
Fue tal la fama de este personaje que cierto día, el rey Alejandro decidió conocerlo. Acercándose a él, Alejandro Magno, acompañado de su escolta, encontró a Diógenes sentado en el piso tomando el sol y al acercársele, proyectó su sombra sobre él. Alejandro le saludó y Diógenes rápidamente advirtió que éste estaba acompañado por su escolta, por lo que le preguntó si era un solo hombre o varios a la vez, diciéndole después que sólo si alguien se considera de más valor que los demás protege su vida utilizando la de otros. Alejandro respondió que sabía defenderse solo. Alejandro entonces le dijo al anciano que él era un hombre muy poderoso y que cualquier cosa que quisiera se la concedería. Diógenes, seguro de su propia filosofía, le respondió que sólo quería que se apartara de enmedio pues le quitaba el sol. Los soldados sorprendidos le preguntaron a Alejandro si debían castigar a Diógenes por su atrevimiento, pero Alejandro los disuadió diciéndoles: "Este hombre es fiel a sus principios, les digo que si no fuera Alejandro, ¡¡me gustaría ser Diógenes!!
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