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Biografía de Constantino, El Grande



Origen y Juventud de Constantino

Constantino nació en Naisse y fue el hijo de Constancio I Cloro y su primera esposa Helena, hija ésta de un mesonero que contaba sólo con 16 años. El padre de Constantino abandonó a su madre sobre el año 292 para casarse con Flavia Maximiana Teodora, hija del emperador romano de occidente Maximiano. Teodora daría a Constantino seis hermanastros, incluyendo a Julio Constantino.

Constantino, fue sin duda el máximo impulsor del cristianismo en el imperio romano, deteniendo en buena medida la violenta persecución de los cristianos.

El joven Constantino sirvió en la corte de Diocleciano en Nicomedia tras el nombramiento de su padre como uno de los dos césares (emperadores menores) de la tetrarquía en 293. En 305, Maximiano abdicó, sucediéndole el padre de Constantino en su puesto. Sin embargo, éste cayó enfermo durante una expedición contra los Pictos en Caledonia, muriendo el 25 de julio de 306. Tiempo despés Constantino se encontraba junto su padre en su lecho de muerte en Eboracum (actual ciudad de York, Inglaterra), en la Britania romana, donde su leal general Crocus, de ascendencia alemana, y las tropas leales a la memoria de su padre le proclamaron Augusto (emperador).

Constantino y su lucha por el poder

Durante los siguientes dieciocho años, Constantino se enzarzaría en diferentes batallas para consolidar en primer lugar su posición de co-emperador y posteriormente por el liderazgo de un Imperio Romano reunificado.

Constantino se mantuvo al margen de las luchas por el poder que se manifestaron en aquel momento hasta que Majencio se enfrentó contra él. Cuando las tropas de éste irrumpieron en Italia, Constantino le derrotó en varias ocasiones, siendo la definitiva la ocurrida en el Puente Milvio (28 de octubre de 312). Constantino entró triunfalmente en Roma y se convirtió en augusto de la zona occidental mientras que Licinio se mantenía en oriente. El Edicto de Milán, promulgado por Constantino y Licinio en 313, despenalizó la práctica del cristianismo y se devolvieron las propiedades de la Iglesia. Anteriormente a este edicto, muchos cristianos habían sido martirizados en las diferentes persecuciones a las que se habían visto sometidos. La guerra entre los dos augustos no tardó en estallar, finalizando en 323 cuando Constantino se convertía en soberano único del Imperio al vencer a su enemigo. El gobierno de Constantino se inspiró en Diocleciano, restaurando el gobierno personal y suprimiendo la anarquía al tiempo que designaba a sus hijos como césares y les adjudicaba una zona del Imperio.

Se dice que Constantino adquirió la fé en el cristianismo al tener una visión antes de la batalla de puente Milvio.

Los sueños y visiones de Constantino

Se dice que antes de la batalla del puente Milvio Constantino tuvo una visión, tras la cual, Constantino instituyó un nuevo estandarte para marchar a la batalla al que llamaría Lábaro. La visión de Constantino se produjo en dos partes: En primer lugar, mientras marchaba con sus soldados vio la forma de una cruz frente al Sol. Tras esto, tuvo un sueño en el que se le ordenaba poner un nuevo símbolo en su estandarte (Lábaro) .

Las reformas cristianas de Constantino

Constantino es conocido por ser el primer emperador romano que permitió el libre culto a los cristianos. Los historiadores cristianos desde Lactantius se decantan por un Constantino que adopta el cristianismo como sustituto del paganismo oficial romano. A pesar de las dudas sobre las convicciones cristianas de Constantino, en la Iglesia Ortodoxa Oriental se le considera uno de sus principales santos.

Se piensa que la influencia de su familia en Constantino fue en parte la causa de su adopción del cristianismo. Se dice de Helena, la madre de Constantino, que probablemente naciera en una familia cristiana, aunque no se sabe prácticamente nada de su entorno, exceptuando que su madre era hija de un mesonero y que su padre fue un exitoso soldado, una carrera que excluía la práctica abierta del cristianismo. Se sabe, sin embargo, que Helena realizó en sus últimos años numerosas peregrinaciones.

Poco después de la batalla del Puente Milvio, Constantino entrego al papa Silvestre I un palacio romano que había pertenecido a Diocleciano y anteriormente a la familia patricia de los Plautii Laterani, con el encargo de construir una basílica de culto cristiano. El nuevo edificio se construyó sobre los cuarteles de la guardia pretoriana de Majencio, los Equites singulares, convirtiéndose en sede catedralicia bajo la advocación del Salvador, substituida esta más tarde por la de San Juan. Actualmente se la conoce como Basílica de San Juan de Letrán. En 324 Constantino hizo construir otra basílica en Roma, en el lugar donde martirizaron a San Pedro, la colina del Vaticano, y que actualmente acoge a la Basílica de San Pedro.

Constantino, ante todo, pasaría a la historia como un reformista del imperio romano, en especial por su actitud ante los cristianos, aunque también sería un duro gobernante.

Tras el edicto de Milán se abrieron nuevas vías de expansión para los cristianos, incluyendo el derecho a competir con los paganos en el tradicional «cursus honorum» para las altas magistraturas del gobierno, así como también ganaron una mayor aceptación dentro de la sociedad civil en general. Se permitió la construcción de nuevas iglesias y los líderes cristianos alcanzaron una mayor importancia (como ejemplo de ello, los obispos cristianos adoptaron unas posturas agresivas en temas públicos que nunca antes se habían visto en otras religiones)

Aunque el cristianismo no se convertiría en religión oficial del Imperio hasta el final de aquel siglo (un paso que daría Teodosio en el 380 con el Edicto de Tesalónica), Constantino dio un gran poder a los cristianos, una buena posición social y económica a su organización, concedió privilegios e hizo importantes donaciones a la Iglesia, apoyando la construcción de templos y dando preferencia a los cristianos como colaboradores personales.

Como resultado de todo esto, las controversias de la Iglesia, que habían existido entre los cristianos desde mediados del siglo II, eran ahora aventadas en público, y frecuentemente de una forma violenta. Constantino consideraba que era su deber como emperador, designado por Dios para ello, calmar los desórdenes religiosos, y por ello convocó el Primer Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 de julio de 325) para terminar con algunos de los problemas doctrinales que infectaban la Iglesia de los primeros siglos, especialmente el Arrianismo.

En sus últimos años de vida también, Constantino ejerció como predicador, dando sus propios sermones en el palacio ante su corte y los invitados del pueblo. Los sermones de Constantino pregonaban al principio la armonía, aunque gradualmente se volvieron más intransigentes hacia los viejos modos paganos. Las razones para este cambio de postura son meras conjeturas, Sin embargo, aun al final de su vida siguió permitiendo que los paganos recibieran nombramientos públicos. Ejerciendo su poder absoluto, hizo recitar al ejército sus pregones en latín en un intento de convertir a la clase militar al cristianismo, cosa que no consiguió. Comenzó un extenso programa de construcción de iglesias en Tierra Santa, lo que expandió de forma crucial la fe cristiana y permitió un considerable incremento del poder y la influencia del clero.

El conflicto entre Cristianos ortodoxos y Arrianos

Constantino soñó que le era dicho de fuente divina que debía poner un nuevo símbolo en su estandarte.

Durante el gobierrno de Constantino, el arrianismo era el conjunto de doctrinas cristianas desarrolladas por Arrio, sacerdote de Alejandría, quien consideraba que Jesús de Nazaret no era Dios o parte de Dios, sino una criatura. Una vez que la Iglesia hubo aceptado como dogma la proposición opuesta, el arrianismo fue condenado como una herejía.

Preocupado Constantino por las polémicas entre los cristianos ortodoxos y los arrianos, que eran muchos y tenían especial preponderancia en el ejército y los bárbaros que vivían en el Imperio, y conciente de que se necesitaba una sola religión unificada y fuerte, convocó al concilio de Nicea en 325, donde finalmente se condenó a Arrio y al arrianismo.

Constantino, siguiendo una extendida costumbre, no fue bautizado hasta cerca de su muerte en 337, cuando su elección recayó sobre el obispo arriano Eusebio de Nicomedia, quien a pesar de ser aliado de Arrio, aún era el obispo de la región. Eusebio era también amigo íntimo de la hermana de Constantino, lo que probablemente asegurara su vuelta desde el exilio.

El episodio del hijo de Constantino

En 326, Constantino ejecutó a su hijo mayor, Crispus y unos meses después a su segunda esposa Fausta (Crispus era el único hijo que tuvo con su primera esposa Minervina). Corrieron rumores sobre una presunta relación entre hijastro y madrastra que supuestamente podría haber sido la causa de la ira de Constantino. Se dice que por razones políticas, Constantino se casó con la princesa Fausta, quien le dio otros tres varones. Decidida a que fueran sus hijos y no Crispo quienes sucedieran a su esposo, Fausta urdió un plan maquiavélico, acusando al joven de haber querido seducirla. Constantino creyó la falsa acusación, e hizo arrestar a su hijo mayor, quien luego de ser sometido a juicio, fue ejecutado.

Más tarde, al descubrirse la verdad, Constantino hizo hervir viva a su mujer en un baño caliente, hasta la muerte. Sin embargo, Fausta se salió con la suya: sus hijos gobernaron, cruelmente, como no podía ser de otro modo; comenzaron exterminando a todos sus parientes y luego desataron una guerra civil entre ellos, que sólo concluyó con la muerte del mayor, Constantino II.

Otra de las teorías sobre la muerte de Cripus fue que Fausta estaba envidiosa ya que el hijo de Constantino no era hijo de ella y era un gran comandante militar y posible sucesor del imperio, y falsamente le dijo al emperador que su hijo no respetaba el cristianismo. Luego Constantino se arrepintió y vivió atormentado por la muerte de Crispus hasta que fue bautizado, ya que le prometieron que esta ceremonia lavaría sus pecados.

El Lábaro de Constantino fue el símbolo que le sería sugerido para su estandarte en un sueño.

Legado y fin de Constantino

Cuando estuvo solo al frente de Roma, Constantino consolidó las reformas de Diocleciano, aunque él fuera el principal responsable del derrumbamiento de la Tetrarquía, debido a sus ambiciones personales.En cuanto al ejército dio mayor importancia a la caballería, tanto en número (aunque seguía siendo inferior a la infantería) como en la parte estratégica.Su decisión en 325 de fundar una nueva capital sobre Bizantium, antigua colonia griega, transformó el mundo romano como ninguna otra, significando al mismo tiempo el acta de defunción para el mundo romano occidental, ya lejos de la capital y casi abandonado a las invasiones de los bárbaros, y la milenaria perduración del Imperio en oriente, más próspero y estable, económicamente pujante y con grandes cantidades de terreno cultivado y en paz.

Constantino acostumbraba aparecer en público, en los concilios y ante la corte vestido con las ropas mas lujosas, cargado de adornos de oro, al estilo oriental, marcando un antecedente del emperador que gobierna rodeado de riquezas en nombre de Dios, aunque Diocleciano ya había dado muestras de ello en su corte de Nicomedia.

Otra de las reformas de Constantino fue la abolición de la guardia pretoriana y la reforma del ejército y de la administración. La capital será traslada a orillas del Bósforo, a Bizancio que recibirá en el año 330 el nombre de Constantinopla. Como protector del cristianismo convocó el concilio de Nicea (325) en el que se condenó a Arrio. Antes de morir, Constantino fue bautizado por lo que la Iglesia católica se convertía en el principal apoyo del Imperio. Su sucesión recayó en su hijo Constantino II.


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