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David y Betsabé



La siguiente es una trágica historia de intriga que suele haber en los palacios, donde los destinos de los visitantes se entrelazan a veces de manera impresionante, jugando con la poderosa voluntad del rey. David, el personaje que derrotó al gigante Goliat y se convertiría en el rey que unificaría a Israel, jugó la pieza central en una historia que aunque iniciaría con el rojo de la pasión, terminaría con el rojo de la sangre del homicidio.

David descubre la belleza de Betsabé

El rey David, quien sería el protagonista del amor prohibido, fruto de la irresistible tentación de Betsabé.

Cierto día, se encontraba David paseando por palacio. La noche era cálida y sensual. Las extensas responsabilidades de David, abarcaban el mando militar, que por aquel entonces había llevado a Israel a una guerra perpetua en sus límites y seguía extendiéndose en poderío y riqueza, el gobierno, la administración de los bienes obtenidos, etc. Caminaba David hasta vislumbrar una figura femenina en la lejanía, de formas tan sugerentes, pechos y caderas tan exquisitamente bien formados y una piel morena tan fina como aquellas propias del más fino arte. Rápidamente, David inquirió sobre la bella mujer que se encontraba bañándose desnuda, creyéndose en intimidad sin saber que era contemplada por éste.

Pasión entre amantes

David averigüó que la hermosa muchacha tenía por nombre Betsabé y que estaba casada con Urías, un oficial de la guardia real; Betsabé se encontraba de visita en palacio y se marcharía pasados unos días. Sin embargo, David no prestó atención al pecado que cometía e hizo venir a la preciosa mujer que estaba en la flor de su juventud a su lado, quien sin mostrar demasiada resistencia fue suya, ardiendo en pasión junto a David, quien con maestría la consintió en los placeres de la sensualidad.

El fruto de un amor apasionado

Poco tiempo después, David y Betsabé siguieron encontrándose hasta que Betsabé le confesó que estaba embarazada de él. Primero, Betsabé, consciente de su falta, trató de proteger al rey, diciéndole que podía deshacerse del problema pues conocía a la persona adecuada a lo que David se negó rotúndamente exclamando "¡Éste es el hijo de un rey!". Tampoco consintió el sacrificio de ella y rápidamente se dispuso a armar un plan para resolver el gran problema que tenían entre manos.

Betsabé tomando un baño sin saber que es observada por David, quien no es capaz de resistirse a su sensualidad y la manda a llamar.

David intenta remediar la falta

Siendo un rey astuto, David pensó que quizás el hacer parecer que ese hijo era del marido de Betsabé, pondría un fin a la situación. Y así lo intentó, llamando a Urías del frente en Raba, ciudad que era asediada por las tropas israelitas en el momento. Urías acudió al llamado del rey y se le fue ofrecida una temporada de paz y descanso de las penurias de la guerra, sugiriendo maliciosamente que fuera al lado de su mujer y la consintiera como era debido. Sin embargo, Urías era un soldado en toda la extensión de la palabra, hombre rudo e insensible, acostumbrado a las carencias de la guerra, a la vida dura y aspera de quien tiene que esperar el momento de la acción bajo las condiciones más tormentosas y ponerse en guardia enérgicamente de un momento a otro contra sus enemigos. De esta manera, Urías no iba con su mujer y prefería quedarse bebiendo en palacio y dormir en el duro piso. David intentó nuevamente que Urías tocara a su mujer, pero todas las invitaciones de David caerían en oídos sordos.

El crímen de David

El tiempo apremiaba y ante la desesperación y el fracaso de su anterior idea, David toma un camino oscuro y sangriento: decide eliminar a Urías. Para conseguir su propósito, David se vale de Joab, general al mando, quien al leer una carta del rey David, pone a Urías en el punto más peligroso de la batalla y luego lo deja solo, asegurándole la muerte. Con Urías fuera del camino, David ahora es libre de disfrutar del amor de Betsabé, con quien se casa y vive feliz por meses, hasta que es confrontado por el profeta Natán, uno de los pocos hombres que se atrevía a hablar libremente y de frente al rey David.

Otra representación de la hermosa Betsabé, tomando un baño, sin saber que le espera una situación que acabará en la trágica muerte de su marido Urías, por orden de David.

Las acusaciones de Natán

Como en cualquier crimen, las fugas de información son inevitables y a la larga, terminan llegando a oídos distantes. Así se enteró Natán del crimen cometido por David y haciendo uso de gran habilidad, cuestionó a David acerca del castigo que le depararía a un hombre rico quien se aprovechara de un vecino quitándole y sacrificando a la única oveja que este tenía, y a la cual jamás sacrificaría debido a que era como un miembro más de la familia, como una mascota. David, en su papel de rey justo que aplica la ley, respondió decididamente "¡La muerte!", aclarando que antes el hombre rico debería de darle lo arrebatado siete veces antes de ser ajusticiado. Luego David le preguntó a Natán quién era el hombre de su historia a lo que el profeta respondió: "¡Tú eres ese hombre rico!", echándole en cara el crimen cometido contra Urías, quien aunque rudo y aspero seguía protegido por las leyes de Israel. David se entristeció profundamente y siguió escuchando las acusaciones del profeta, quien arremetió diciendo que nunca se libraría de la espada debido al crimen cometido. Natán, al ver el arrepentimiendo de David, mencionó que ningún castigo vendría sobre David o Betsabé directamente sino sobre su descendencia, nada más y nada menos quien con el paso del tiempo sería el rey Salomón, a quien le vendría un terrible mal incurable y de quien se dice que obtuvo los más grandes secretos mágicos del mundo. David entró en profundo desconsuelo y ofreció sacrificios a Yahvé en el templo, así como dejar de comer y beber durante cinco días, en pos de obtener el anhelado perdón, consciente de que había violado la ley de Dios.


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